Qué es la cirrosis

La cirrosis es una enfermedad crónica que afecta al hígado. Se trata de un proceso inflamatorio progresivo, que tiene como consecuencia relevante el mal funcionamiento del hígado y el impedimento del paso de sangre a esa zona.

Sin duda la cirrosis es un mal que tiene que ser tratado por médicos especialista y entendidos de este tipo de patologías, pero como siempre hacemos referencia a los buenos habitos, con una alimentación adecuada podemos ayudar a mejorar la calidad de vida del paciente que la padece.

¿Qué causa la cirrosis?

La cirrosis tiene varias causas, en los Estados Unidos, las causas más comunes de cirrosis son el consumo abundante de alcohol y la hepatitis C crónica. La obesidad se está convirtiendo en una causa común de cirrosis, ya sea como causa única o en combinación con el alcohol, con la hepatitis C o con ambos. Muchas personas con cirrosis tienen más de una causa de daño hepático. La cirrosis no es causada por trauma de hígado u otras causas de daño agudo o de corto plazo. Generalmente, años de lesión crónica son necesarios para causar la cirrosis.

Alimentos recomendados en casos de cirrosis

Una persona con cirrosis debería consumir en su dieta diaria, alimentos ricos en hidratos de carbono, que aportan nutrientes y energía como panes, arroz, pastas y verduras frescas, También deben estar incluidos aquellos que posean en su contenido aporte de vitamina C, antioxidantes, (limón, naranja y pomelo, fresas, kiwis, casis, y verduras de hojas verdes crudas). Y alimentos ricos en proteínas bajos en grasas, pollo y pavo sin piel, sardina, salmón, brotes de soja, etc.

Se debe tener presente en un paciente con esta patología, no ingerir medicamentos sin el correcto asesoramiento del médico especialista, en su dieta se deben suprimir todos aquellos alimentos de alto contenido graso, muy salados, con exceso de condimentos, y muy picantes. No abusar de la comida evitando los alimentos fritos, y el consumo en cantidad de carnes.

El diagnóstico de cirrosis generalmente se basa en la presencia de un factor de riesgo para cirrosis, como por ejemplo el consumo de alcohol o la obesidad, y se confirma mediante exámenes físicos, pruebas de sangre e imágenes. El médico preguntará acerca de la historia médica y los síntomas de la persona y realizará un examen físico completo para buscar signos clínicos de la enfermedad. Recuerde consultar con su médico de confianza ante cualquier duda.

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